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Detalle de una vasija herida de La herida, una entrada de luz
Detalle de la superficie abierta de una vasija de La herida, una entrada de luz
Detalle de una vasija fragmentada de La herida, una entrada de luz

LA HERIDA, UNA ENTRADA DE LUZ

Obra realizada entre 2024 y 2025. Consta de 35 vasijas modeladas y destruidas parcialmente, y un libro de artista que da cuenta del proceso reflexivo y constructivo en la creación de esta obra.

Alfarería alquímica

Alan Meller

En numerosas mitologías la alfarería aparece unida a la creación del ser humano. La vasija, para la alquimia, es un útero (o una urna funeraria) en donde se gesta un nuevo nacimiento y, por ello, contiene el secreto de la metamorfosis. En esta muestra estamos frente a una alfarería alquímica que recrea y cataliza el cambio.

Diana Strauss (Santiago, 1975) ha modelado y destruido 35 vasijas con las que explora, simbólicamente, el tránsito por un periodo de oscuridad que devino en una herida a través de la cual comenzó a entrar la luz. Strauss no es ceramista, es una artista que emplea el oficio de la alfarería, ya que repite una misma forma, pero luego, priorizando una finalidad poética, destruye su función.

Su trayectoria artística comenzó a temprana edad, cuando dejó de tomar apuntes en clases para abocarse al dibujo. En aquella época dio sus primeros pasos en la artesanía, haciendo joyas y amuletos en metal. Durante su formación académica, en la Universidad Católica, se dedicó a la exploración del arte contemporáneo a través del dibujo, la fotografía y la serigrafía. Sin embargo, su exploración recién comenzaba a través de un viaje hacia oficios más tradicionales. Primero fue la orfebrería, con la que aprendió a trabajar el fuego. Siguió con la talabartería y, al radicarse en Limache el 2017, descubrió que el fuego emparentaba a la joyería con la cerámica y se inició en el oficio de la alfarería. Por aquella época, y tras más de una década de silencio gráfico, volvió a dibujar. En esta muestra, Strauss integra aquellos dos mundos: la adaptación de un proceso de creación artística al oficio de la alfarería.

Para elaborar esta obra, Strauss ha llevado a cabo una investigación acerca de la materia prima, su textura, colorido y resistencia térmica, así como de la forma de la vasija y las diferentes posibilidades de herirla. El primer paso fue la recolección de arcilla negra en el sector del Salto del Laja, territorio que guarda relación con el evento que produjo la herida. Junto con la experimentación alquímica con el material obtenido, comenzó a germinar la forma de la vasija y, para evitar llegar a un objeto escultórico, se propuso trabajar piezas circularmente simétricas. Las primeras veinte piezas son similares, parecen higos, escribe Strauss, pero luego debía herirlas y su estudio se concentró en las distintas maneras de rajar una vasija, desde afuera hacia adentro, o del interior al exterior, con delicadeza o abriéndose paso bruscamente entre sus paredes.

Strauss sabía que la herida que le infligía a cada obra se abría a la misma incertidumbre que había enfrentado ella. Comenzaba con una grieta y luego lo desconocido, ¿irían a derrumbarse producto del quiebre?

Cuando llevaba 27 vasijas, sintió cierta monotonía en la forma, un estancamiento del proceso. Hasta que llegó a la pieza número 28, la primera que hizo con una de las pastas recogidas en Salto del Laja. De inmediato, sintió una conexión especial y no pudo modelarla, se modeló ella a sí misma a través de mis manos, escribe en su registro. La pieza 28, a diferencia de las 27 anteriores, resultó una vasija mucho más larga y angosta, haciendo inevitable la identificación con su propio cuerpo, me sentí reflejada en ella, y al herirla, metiendo sus dedos por la boca, rajándola, sintió su dolor, sentí esa herida en mi cuerpo. Entonces, comprendió que había llegado a ese punto en el que la obra había comenzado a hacerse a sí misma y su misión era ponerse al servicio de este fenómeno.

Strauss crea 38 vasijas heridas de distintas maneras, unas parecen estallar, otras parecen golpeadas y otras encerradas en sí mismas, unas se ven erguidas, gráciles y dignas y otras ajadas como si aún sangraran. Cada una de las vasijas despliega su propia contorsión de dolor frente a la herida. Cada una de ellas forma parte de un estudio que culmina en la pieza 35.

La pieza 35 es distinta a todas las anteriores y es, según Strauss, la obra de esta muestra. Es una vasija abierta por un lado, parte de ella se ha desplomado y, a partir de esa desconstrucción, Strauss ha levantado una nueva capa, revirtiendo el derrumbe, permitiendo que, desde el desplome, surja una nueva forma. Ya no hay una grieta, sino una gran apertura. Ya no predomina la oscuridad, podemos ver que la luz cae sobre cada una de las caras, no hay nada oculto, tampoco la oscuridad ha sido negada: la sombra que proyecta la obra forma parte de ella.

Reproduciendo el gesto de los dioses que modelaban a los primeros humanos, Strauss ha modelado una obra que ya no es solo vasija, sino también un cuerpo que, como en la alquimia, revela un camino de transformación.

Vasija herida de la obra La herida, una entrada de luz, pieza 1
Vasija herida de la obra La herida, una entrada de luz, pieza 2
Vasija herida de la obra La herida, una entrada de luz, pieza 3
Vasija herida de la obra La herida, una entrada de luz, pieza 4
Vasija herida de la obra La herida, una entrada de luz, pieza 5
Vasija herida de la obra La herida, una entrada de luz, pieza 6
Vasija herida de la obra La herida, una entrada de luz, pieza 7
Vasija herida de la obra La herida, una entrada de luz, pieza 8
Vasija herida de la obra La herida, una entrada de luz, pieza 9

LIBRO DE ARTISTA

Página del libro de artista de La herida, una entrada de luz
Dibujos y páginas del libro de artista de La herida, una entrada de luz
Registro del proceso en el libro de artista de La herida, una entrada de luz